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primero ellos solían, me contó,
dispararle y bombardear a los elefantes,
podías escuchar sus alaridos por sobre todos los demás sonidos;
pero volabas alto para bombardear a la gente,
nunca la veías,
tan sólo un pequeño destello desde muy arriba
[en cambio] con los elefantes
podías ver lo que pasaba
y escuchar cómo daban alaridos;
le decía a mis compañeros, escuchen, chicos,
detengan eso,
pero tan sólo se reían
mientras los elefantes diseminados
levantaban las trompas (cuando éstas no les habían explotado)
abriendo sus bocas
grandes y
dando patadas con sus lerdas y torpes piernas
mientras les corría la sangre por grandes orificios en sus vientres.

luego volamos de regreso,
misión cumplida.
le dimos a todo:
convoys, vertederos, puentes, personas, elefantes y
demás.

[eso] me lo contó después, yo
me sentí mal por los
elefantes.

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