Dios santo los perros ladran cuchillos
y en los ascensores
muñecos de hojalata
deciden mi vida y mi muerte;
estos halcones son bizcos
y no queda nada que salvar;
déjanos saber lo imposible
déjanos saber que los hombres fuertes mueren por hatajos,
déjanos saber que el amor se compra y se mantiene
como un perrito, un perro que ladra cuchillos
o un perro que ladra amor;
déjanos saber que vivir una vida
entre miles de millones de idiotas con sentimientos
moleculares
es en sí un arte;
déjanos conocer mañanas y noches y
perfidia;
déjanos marchar con la golondrina
déjanos linchar la última esperanza
déjanos encontrar el cementerio de elefantes
y el cementerio de los dementes;
deja a quienes cantan canciones propias
déjales cantar a los idiotas y los mentirosos
y los que planean estrategias
en un juego demasiado aburrido para los niños;
sólo hay una manera de vivir
y es solo,
y solo una manera de morir, y es la misma;
he oído desfilar a sus ejércitos
todos estos años:
qué pesadez:
lo que quieren y lo que han ganado;
qué pesadez que sean mis amos
y probablemente me sigan a la muerte
añadiendo más muerte a la muerte;
todo el camino es vació
me toco un anillito en el dedo
y respiro el aire
vapuleado.

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