los placeres de los condenados
se limitan a breves instantes
de felicidad:
[tan breves,] como cuando nuestros ojos se ven reflejados en la mirada de un perro,
como las cajas de papel encerado,
como el fuego consumiendo el ayuntamiento,
el condado,
el continente,
como el fuego consumiendo el cabello
de doncellas y monstruos;
como el gañido de halcones alrededor de un árbol de duraznos,
como el mar vertiéndose entre sus garras,
como los tiempos
de ebriedad y desaliento,
todo en llamas,
todo húmedo,

todo perfecto.

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