puedo verme ahora
después de todos estos días y noches suicidas
siendo empujado sobre ruedas fuera de uno de esos asilos estériles
(claro que esto solamente, si me vuelvo rico, famoso y corro con suerte)
por una enfermera subnormal y aburrida…
heme ahí sentado recto en mi silla de ruedas…
casi ciego, con los ojos vueltos hacia atrás en dirección a la parte más oscura de mi cráneo
deseando
la misericordia de la muerte…

“¿No es un día hermoso, señor Bukowski?”

“Oh, sí, sí…”

los niños pasan caminando y yo ni siquiera existo
y mujeres hermosas caminan por ahí
con grandes y ardientes caderas
y cálidos traseros y todo en ellas ajustado y ardiente
rogando ser amadas
y yo ni siquiera
existo…

“Hacía tres días que no estaba tan soleado,
señor Bukowski.”

“Oh, sí, sí.”

heme ahí, sentado recto en mi silla de ruedas;
más blanco que esta hoja de papel,
exangüe,
con los sesos idos, cualquier riesgo ido, yo, Bukowski,
ido…

“¿No es un hermoso día, señor Bukowski?”

“Oh, sí, sí… “ orinando mi pijama y escurriendo saliva de
mi boca.

2 escolares corren por ahí-

“¿Oye, viste a aquél anciano?”

“¡Cristo, sí, me daba asco!”

después de tantas amenazas con hacerlo
alguien más ha cometido suicidio por mí
finalmente.

la enfermera detiene la silla de ruedas, arranca una rosa de un arbusto cercano,
lo pone en mi mano.

yo ni siquiera sé
lo qué es. podría ser inclusive mi pájaro
por todo el bien
que me hace.

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