ustedes
sin rostros
sin rostros
absolutamente
riéndose de nada-
déjenme contarles
[que] yo he bebido en habitaciones ruidosas de pabellón con
borrachos imbéciles
cuya causa era mejor
cuyos ojos aún resplandecían
cuyas voces conservaban cierta sensibilidad,
y cuando llegaba la mañana
amanecíamos enfermos pero no lo éramos,
pobres pero no engañados,
y nos estirábamos en nuestras camas y nos levantábamos
hasta el atardecer
como millonarios.

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