En algún lugar la princesa muerta
yace con un nuevo amante;
sólo me quedan unos cuantos paquetes de tabaco
vacíos
rescatados de redes de añoranza
pero todo va bien
salvo por el color y el porte
de la avispa,
la cera demasiado roja
y una nota de la mujer en la colina
que me compra los cuadros:
~me preguntaba por ti. llámame.
con cariño, R.~,
y otra nota por debajo de la
puerta:
~paga el alquiler o lárgate~.
el calentador está encendido y
tengo un tarro de pura pimienta
molida delante,
y papel de máquina
para llenarlo de poemas;
todo va bien,
en las aceras resuena el chasquear de los
tacones,
arrancan motores,
y tengo que lavar estas malditas
tazas de café enfermas;
y me pregunto, ¿qué tal estás, amigo
mío?
¿qué tal te va? ¿decepcionado?
¿desdichado?
¿yo? es duro. duro como un
buen poema.
pero me siento bien,
y de veras,
en esencia, dentro de poco voy
a comer
picadillo o estofado, algo
de una lata.
también es posible que levante pesas y
espero
seguir sintiéndome bien, aunque la
radio se oye sucia
y habla de tonterías como
el buen servicio en los aviones;
ahora son las 7:30, y así es como
viven y mueren
los hombres: no a la manera de Eliot
sino
a la mía, a la nuestra,
quedos cual ala plegada,
el odio quemando igual que un tubo;
las cortinas se vienen abajo
desgarradas por el tiempo
y tengo un cuchillo a mi izquierda que
no cortaría una cebolla siquiera
pero no tengo cebollas que
cortar, y
espero que tú también te sientas
bien.

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