Vistiéndote de luminosas cenizas,
tu cuerpo seguro,
blanco de lágrimas de vianilla,
encendía cirios para hombres
en noches oscuras,
y ahora tu noche es más oscura
que el alcance del cirio
y te olvidaremos, un poco,
y no es bueno,
pues los cuerpos reales están más cerca
y mientras los gusanos ansían tus huesos,
quisiera decirte que
esto mismo le sucede a osos y elefantes
a tiranos y héroes y hormigas
y ranas,
sin embargo algo nos entregaste,
cierta clase de victoria menor
y por esto digo: bien
dejemos de lamentarnos,
como una flor marchiota y desechada,
olvidamos, recordamos,
esperamos: niña, niña, niña,
levanto mi copa un minuto entero
y sonrío.

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